LAS CLAVES LÉXICAS                                                                                                     Mariano Arnal


POR QUÉ HITLER SE EMPEÑÓ EN ELIMINAR JUDÍOS Y GITANOS

Las claves que nos explican determinadas conductas, a veces son de una gran simplicidad: Hitler se comportó de forma furibunda con los judíos y los gitanos porque unos y otros tenían estructura de PUEBLOS dentro del Pueblo Alemán, y eso era absolutamente incompatible con el gran proyecto del Führer. Eran un voluminoso e incómodo cuerpo extraño en el cuerpo social alemán, un tumor que se debía extirpar si se quería que el Pueblo Alemán creciese con toda su pujanza, sin cuerpos extraños que se lo impidiesen.

Esa fue precisamente la clave: la estructura de PUEBLO, con el complemento de RAZA, que Hitler no estaba dispuesto a tolerar en la vastísima extensión del territorio alemán (el célebre lebensraum que justificó sus invasiones) para nadie más que para los alemanes de verdad. Por eso los judíos, organizados también como PUEBLO (¡y nada menos que el Pueblo Elegido!) y los gitanos, formados igualmente en tribus y como raza aparte, fueron objeto de la persecución más sanguinaria.

Es que cuando Hitler decía "el PUEBLO ALEMÁN", el término "pueblo" no tenía ni de lejos el mismo valor que tenía en las expresiones "el pueblo francés", "el pueblo americano" o el "pueblo español". Para Hitler, PUEBLO era sinónimo de RAZA. Precisamente en un burdo intento de imitarle, Franco instituyó el 12 de octubre la "Fiesta de la Raza" para el día de la Hispanidad. Como si en España se pudiera hablar de una sola RAZA, como pretendía hacer Hitler en Alemania. Y claro, los judíos y los gitanos eran lo más parecido a una RAZA, cohesionada en forma de PUEBLO. Y eso era un gravísimo atentado contra la dignidad del Pueblo Alemán, que no podía consentir el insulto y el contagio de otros Pueblos y otras Razas en tierra alemana.

Hitler quiso cohesionar de manera indeleble al Pueblo Alemán depurándolo primero de las impurezas de otros pueblos, y estableciendo luego entre todos los alemanes en vez de lazos políticos, lazos de sangre. Ese fue el cimiento indeleble sobre el que quiso edificar su Reich de los 1.000 años. Y tenía razón, porque los lazos de sangre (familiares, tribales y raciales) son infinitamente más duraderos que los lazos políticos.

El progreso que le llevó Hitler a Alemania no estuvo únicamente en su retorno al sistema esclavista de los romanos: esa era sólo una pata de su revolución nacionalsocialista. El otro gran viraje de su revolución consistió en desmantelar el sistema político (el de la mezcla y entendimiento mutuo de pueblos y razas) basado en el pacto, e instaurar en su lugar un sistema basado en la unidad de sangre, raza y cultura. En realidad al nombre de nacionalsocialismo le sobraba lo de socialismo, porque en un sistema nacionalista (basado en los orígenes comunes y en los lazos de sangre), sobraba cualquier acción socializadora, porque no la hay más perfecta que la que procede de la propia naturaleza. Los rebaños (así llamaba Homero a los pueblos) están cohesionados porque forman una nación, es decir una unidad de nacimiento.

He ahí por qué un PUEBLO-RAZA-NACIÓN no puede ser un ente político, porque es la misma negación y la peor ruina de cualquier política.