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POR QUÉ HITLER SE EMPEÑÓ EN ELIMINAR
JUDÍOS Y GITANOS
Las claves que nos explican determinadas conductas, a veces son de
una gran simplicidad: Hitler se comportó de forma furibunda con los judíos
y los gitanos porque unos y otros tenían estructura de PUEBLOS dentro
del Pueblo Alemán, y eso era absolutamente incompatible con el gran
proyecto del Führer. Eran un voluminoso e incómodo cuerpo extraño en
el cuerpo social alemán, un tumor que se debía extirpar si se quería
que el Pueblo Alemán creciese con toda su pujanza, sin cuerpos extraños
que se lo impidiesen.
Esa fue precisamente la clave: la estructura de PUEBLO, con el
complemento de RAZA, que Hitler no estaba dispuesto a tolerar en la vastísima
extensión del territorio alemán (el célebre lebensraum que justificó
sus invasiones) para nadie más que para los alemanes de verdad. Por eso
los judíos, organizados también como PUEBLO (¡y nada menos que el
Pueblo Elegido!) y los gitanos, formados igualmente en tribus y como
raza aparte, fueron objeto de la persecución más sanguinaria.
Es que cuando Hitler decía "el PUEBLO ALEMÁN", el término
"pueblo" no tenía ni de lejos el mismo valor que tenía en
las expresiones "el pueblo francés", "el pueblo
americano" o el "pueblo español". Para Hitler, PUEBLO
era sinónimo de RAZA. Precisamente en un burdo intento de imitarle,
Franco instituyó el 12 de octubre la "Fiesta de la Raza" para
el día de la Hispanidad. Como si en España se pudiera hablar de una
sola RAZA, como pretendía hacer Hitler en Alemania. Y claro, los judíos
y los gitanos eran lo más parecido a una RAZA, cohesionada en forma de
PUEBLO. Y eso era un gravísimo atentado contra la dignidad del Pueblo
Alemán, que no podía consentir el insulto y el contagio de otros
Pueblos y otras Razas en tierra alemana.
Hitler quiso cohesionar de manera indeleble al Pueblo Alemán depurándolo
primero de las impurezas de otros pueblos, y estableciendo luego entre
todos los alemanes en vez de lazos políticos, lazos de sangre. Ese fue
el cimiento indeleble sobre el que quiso edificar su Reich de los 1.000
años. Y tenía razón, porque los lazos de sangre (familiares, tribales
y raciales) son infinitamente más duraderos que los lazos políticos.
El progreso que le llevó Hitler a Alemania no estuvo únicamente en su
retorno al sistema esclavista de los romanos: esa era sólo una pata de
su revolución nacionalsocialista. El otro gran viraje de su revolución
consistió en desmantelar el sistema político (el de la mezcla y
entendimiento mutuo de pueblos y razas) basado en el pacto, e instaurar
en su lugar un sistema basado en la unidad de sangre, raza y cultura. En
realidad al nombre de nacionalsocialismo le sobraba lo de socialismo,
porque en un sistema nacionalista (basado en los orígenes comunes y en
los lazos de sangre), sobraba cualquier acción socializadora, porque no
la hay más perfecta que la que procede de la propia naturaleza. Los
rebaños (así llamaba Homero a los pueblos) están cohesionados porque
forman una nación, es decir una unidad de nacimiento.
He ahí por qué un PUEBLO-RAZA-NACIÓN no puede ser un ente político,
porque es la misma negación y la peor ruina de cualquier política.
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