TEMPORAL
Viene de muy lejos y es común a muchas lenguas la confusión entre el
tiempo atmosférico y el cronológico. La verdad es que es muy difícil
desde el punto de vista conceptual reunir en una misma palabra toda la
diversidad de fenómenos meteorológicos. Y no sólo eso, sino que la
vulgarización de las lenguas propicia esta confusión. El caso más
sintomático es el del griego, que distinguía entre el tiempo cronológico
cronoV
(jrónos),
del que hemos formado ese cultismo, y el atmosférico, que no teniendo
una palabra global para expresarlo, adoptó en el griego moderno el
término
kairoV
(kairós), paralelo del latín tempestas, que no
significa propiamente tempestad, sino lapso de tiempo indeterminado,
ocasión, momento, oportunidad, que luego se concreta en las
significaciones de "buen tiempo" y de "mal tiempo" (este último
significado acabó acaparando el término en exclusiva). Comparemos con
tempestivo, de él derivado, que significa "a su tiempo", "en sazón",
"oportuno", y que tiene como contrario intempestivo.
Temporal es en primer lugar un adjetivo derivado de tiempo.
Trabajo temporal es el que dura "un tiempo corto". La temporalidad, en
efecto, se entiende como brevedad porque una de las oposiciones del
tiempo es la eternidad. Obsérvese la paradoja de que justo esta palabra,
procedente de
aiqer / aizér
= aire, sería la
más adecuada para expresar el tiempo atmosférico. Al ir asociado el
cielo a la eternidad, temporal es también lo terrenal, lo perecedero, lo
corruptible. Y por extensión, al considerarse la vida religiosa anticipo
del cielo, temporal es lo secular (del siglo), del mundo. En religión al
poder no religioso (parten de un fondo teocrático) lo llaman poder
temporal.
Y viniendo a la meteorología, se emplea el término temporal
como sinónimo de tempestad en la tierra o en el mar. Pero llama
especialmente la atención su uso más arraigado como tiempo lluvioso (o
de nieve) persistente durante varios días. Opuesto en este sentido a
tormenta, una de cuyas características es el ser de corta duración.
Observemos que mientras tempestad y temporal son derivados
de tiempo, tormenta no lo es. La expresión "capear el temporal",
que se usa preferentemente en sentido figurado, significa ponerse a la
capa, es decir esperar y mantenerse quieto hasta que escampe.
Temporal es pues en meteorología la tempestad que dura
mucho tiempo, apartándose del significado que este término tiene en
los otros contextos.
Es sorprendente el desarrollo que tiene en latín la palabra
tempus, tiempo, y sus aplicaciones en las lenguas románicas. Por
empezar tenemos ahí metida sin que nadie explique cómo, una segunda
acepción de tempus témporis (pl. témpora), que es la parte
de la cabeza comprendida entre el ojo y la oreja. Al ser de estructura
simétrica, se usa mayormente en plural. Es la sien o las sienes. En
anatomía, temporal es el hueso par situado en la parte lateral
del cráneo, que tiene en su interior los órganos de la audición y del
equilibrio. En liturgia las témporas, que son cuatro, son las cuatro
estaciones o tiempos del año, que también así se llamaron, cuyo inicio
se celebraba con ayunos. El nombre de estaciones es muy moderno. Y nos
quedan la temperancia (luego templanza) y la temperatura, que tienen
también su origen en tempus.
Mariano Arnal
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