Nombre cuya procedencia más reciente son los
países anglófonos, de larga y profunda tradición bíblica; de ahí que las grafías
más habituales sean Jésica o Jéssica, conservando al máximo la forma
original, aunque en español hay que pronunciar inevitablemente Yésica, que es la
grafía que se está imponiendo tal como el nombre va adquiriendo carta de naturaleza en
nuestro idioma. Su origen es hebreo, de la familia de nombres como Iesaí, Iesuá,
Iesué, Iessé, en los que subyace la idea de Iehouá en el primer elemento del
nombre, y la de ayuda, salud, fortaleza, salvación en el segundo; el objetivo de este
grupo de nombres era atraer y hacer presente la ayuda de Dios o la fortaleza y la
salvación que se obtienen gracias a Él. A partir del nombre de Jesé, se formó el
femenino Jésica. Jesé, al que en el Antiguo Tastamento se le llama también Isaí,
adquirió una relevancia extraordinaria por ser el padre de David, la raíz del árbol del
que nacería Jesús. Si atendemos a la rama escocesa de este nombre, hemos de
interpretarlo como hipocorístico de Jesse, es decir Juana. En este caso las
raíces del nombre son otras, pero también extensas y profundas. El interés creciente
por salirnos de la onomástica estrictamente hispana, ha dado un gran auge a nombres
tradicionales como el de Juana o su hipocorístico Juanita, pero en forma
incomparablemente más bella y sugerente, gracias a la eliminación de las barreras de
acceso a los otros idiomas, que permiten llevar con nueva gracia nombres tradicionales.
Como iconografía relativa a su nombre, las Jésicas disponen de
una colección considerable de árboles de Jesé, tema de carácter alegórico en
que se representa a Jesé acostado y de su vientre, de su pecho o de su cabeza surgiendo
un tronco en cada una de cuyas ramas hay un antepasado de Jesús. Tienen estos árboles
genealógicos todo el encanto del arte medieval, época en que mayormente interesó este
tema. Disponen también las Jésicas, en el campo de la naturaleza, de una bella planta
llamada la vara de Jesé, que tiene un tallo de más de un metro de altura, con
hojas abrazadoras y en el extremo del tallo, flores blancas y muy olorosas. En la variedad
Perla el tallo no es tan largo, pero las flores son más grandes, de un blanco
deslumbrante. Si prefieren encontrar los símbolos de su nombre partiendo de su relación
con el nombre de Juan, ahí tienen la luz, el sol que se detiene en su recorrido para
verle nacer; el fuego, la verbena, la vida. Si prefieren un modelo femenino, que también
los hay, y de gran talla, ahí está santa Juana de Arco, la mujer que tuvo las ideas
claras y la fortaleza necesarias para defender su país en un momento en que los hombres
se sentían incapaces. Y si se trata de Juanas menos tormentosas, ahí están santa Juana
de Portugal, santa Juana Francisca Fremyot de Chantal, santa Juana Aza, madre de santo
Domingo de Guzmán, y hasta una veintena de santas y grandes reinas y princesas que
llevaron este gran nombre. Por eso las Jésicas tienen opciones espléndidas para celebrar
su onomástica. Desde la esplendorosa fiesta de san Juan, el 24 de junio, hasta la
de santa Juana de Arco el 14 de mayo (o ambas, ¿por qué no?), si lo que prefieren es
celebrarlo bajo los auspicios de una gran mujer. Es ciertamente un nombre digno de
celebrarse por todo lo alto. ¡Felicidades, Jésica!