JUAN ANTONIO
En los nombres compuestos
se suman fuerzas y virtudes, y también voluntades. En el de Juan Antonio la suma sería
de homogéneos si no fuese porque el nombre de Juan lleva una carga de luz y de
fuego que no nació con él, sino que le tocó en suerte. Procede del hebreo Yo-hasnam,
y significa "Dios es misericordioso". Otra etimología muy cercana es la de Jo-hanan
o Jo-hannes, que significa "Dios está a mi favor". La grandeza no le
viene de su origen. Pero resultó que empezando por san Juan Bautista, la personalidad de
los santos y demás hombres insignes que han llevado este nombre, es inconmensurable. Es
uno de los nombres más grandes de la cristiandad y uno de los más frecuentes. En efecto,
ciento veinte santos , decenas de reyes y príncipes y papas; de artistas, literatos,
científicos... dan fe de que la grandeza de este nombre nunca ha conocido barreras. El
nombre de Antonio es de origen romano; aparece aislado,sin familia léxica ni en
latín ni en griego, por lo que hay que deducir que no se generó en la lengua latina,
sino que es un préstamo exterior, quizá del etrusco y que por tanto su auténtico
significado nos estaría vedado para siempre. Unos lo quieren hacer derivar de anqoV (ánzos), que
significa flor y daría la idea de selecto, jovial, seductor. Otros de anti (antí), con el
significado de combativo, luchador. Pero éste es justamente un nombre al que dan
suficiente significado los grandes Antonios que en la historia han sido.
San Juan Bautista es el príncipe del
santoral cristiano:es el único santo del que se celebra el nacimiento y no la muerte, y
su fiesta, el 24 de junio, es una fiesta solar, de luz y de fuego, decantación de los
más antiguos ritos de la humanidad en la más grande de todas las fiestas. Mientras
Jesús ocupa el solsticio de invierno, san Juan toma posesión del solsticio de verano
porque fue imposible erradicar las ancestrales celebraciones solares. Y fue precisamente
el hecho de la vinculación de su nombre a las fiestas más esplendorosas y más
vitalistas, lo que elevó su prestigio hasta límites que sólo milenios de historia
pueden explicar. Pero es que el personaje también se lo ganó: ante él temblaba el
mismísimo rey Herodes. San Antonio Abad (251-356), llamado también el
Ermitaño es el más insigne de los fundadores de la vida monástica en Egipto. Fue
tal su fama de santidad, que acudían a él hombres de toda condición que, atraídos por
la vida eremítica, construían sus celdas alrededor de la de Antonio el Ermitaño.
Esto le obligó a edificar ya auténticos monasterios (monasthrion / monastérion es palabra
griega derivada de monoV / mónos, que significa "solo") en los que
construyó las celdas individuales en torno a un claustro, más la iglesia y otras
dependencias comunes: sintetizó en una misma institución la soledad y la comunidad y
puso al frente de cada una "abad", (= padre), porque entendía que el que
gobernase el monasterio tenía que ser un padre para todos los que en él habitaban. Él
fue el primer abad. Celebramos su fiesta el 17 de enero.
El nombre de Juan tiene un encanto y una virtud invencibles. Se
impone con la fuerza positiva del mismo Sol y con la viveza del fuego. Y si le añadimos
el nombre de Antonio y la galería inacabable de hombres excelentes que han engrandecido
ambos nombres, llegaremos a la conviccón profunda de que hay que felicitarse por tan
espléndida conjunción de nombres.
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