EVARISTO

Del griego eu (eu), que significa "bien", "en alto grado", más aristoV (áristos), que es el superlativo de agaqoV (agazós) = bueno. Evaristo viene a designar, por tanto, a la persona que se distingue por su bondad, al que sobresale por su nobleza (no olvidemos que de aristoV / áristos se formó aristocracia); a la persona, en fin, que destaca en todo aquello que ennoblece al hombre. Si lo tradujésemos al actual lenguaje coloquial diríamos que Evaristo significa "bellísima persona". Es por tanto un nombre noble y ennoblecedor donde los haya, de gran solera, digno de tenerse como esas joyas de familia que se transmiten de generación en generación. Las familias conscientes del valor de este nombre, así lo han hecho. Su grafía griega en mayúsculas es EUARISTOS (EUARISTOS). Al mantenerse como nombre griego, apenas tuvo arraigo en la iglesia romana (sí en cambio en la griega), por lo que se ha mantenido siempre en occidente como un nombre muy singular.

San Evaristo, papa y mártir. Pocas noticias tenemos de él. Gracias al catálogo completo de los papas que se encuentra en el Liber Pontificalis, sabemos que fue griego por parte de madre y judío por parte de padre y que su antecesor en el solio pontificio fue san Anacleto. A él se deben algunas normas rituales y administrativas de la Iglesia que aún estaba en período de formación. Dividió san Evaristo la ciudad de Roma entre los presbíteros para mejor atender a los fieles (es el germen de la posterior división de las diócesis en parroquias). A él se debe también la disposición litúrgica de que siete diáconos asistiesen al obispo en las celebraciones (en especial durante la predicación) para ayudar a mantener entre los fieles una actitud respetuosa. En cuanto al matrimonio perfeccionó el ritual de celebración del mismo, y dispuso que en cualquier caso debía celebrarse siempre solemnemente y ante la asamblea de los fieles, siendo preceptiva la asistencia del sacerdote y su bendición. A lo largo de los nueve años y tres meses que duró su pontificado, fue muy importante su actividad pastoral y organizativa, sobre todo si tenemos en cuenta que le tocó dirigir la Iglesia (y precisamente en Roma, en el corazón y el alma del imperio) cuando más arreció la persecución de Trajano. Ordenó diecisiete presbíteros, dos diáconos y quince obispos, prefiriendo para estas celebraciones el mes de diciembre. Se cree que su martirio tuvo lugar el año 108, como señala Eusebio; aquel en que más arreció la persecución de Trajano. Fue sepultado en la colina del Vaticano, junto al sepulcro de san Pedro, el séptimo día de las calendas de noviembre, según el Liber Pontificalis, que corresponde a nuestro 26 de octubre, día en que celebran su onomástica los Evaristos, por ser éste el día en que la Iglesia conmemora su martirio. Le sucedió en el pontificado el papa san Alejandro I.

Tiene la virtud, el nombre de Evaristo, de irradiar entre quienes conocen y aprecian su valor, esa sensación de tratar con una bellísima persona; y la correlativa para el que lo lleva, de empujarle en diversos grados a ser coherente con su nombre y a comportarse siempre con nobleza de espíritu. El llamarse induce a ser. Por eso este nombre inspira seguridad y confianza. ¡Felicidades!

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