La antigüedad de este nombre
se remonta a los latinos, pueblo anterior a los romanos, que veneraba a la diosa Lara,
considerada como la madre de los dioses Lares, divinidades del hogar a las que estaba
consagrado el fuego de la casa. Según el poeta Ovidio, Lara era una ninfa, hija del río
Almo. Según otros mitógrafos era una divinidad telúrica. Su culto fue de los más
antiguos de Roma.
Lara es el nombre de una noble familia
española que tuvo parte en las guerras dinásticas y feudales que se fueron sucediendo en
Castilla hasta mediados del siglo XIV. En 1130 se dividió en dos ramas y luego se
extinguió justo al final de la Edad Media. Uno de los episodios más notables en los que
se vio envuelta esta familia, se recoge en los cantares de gesta dedicados a Los
infantes de Lara. Se considera que fueron dos los escritos con este argumento,
pero no se conservan los textos en verso, sino tan sólo las refundiciones en prosa de las
crónicas de los siglos XIII y XIV. El argumento que recoge la Crónica General es
del siguiente tenor: en tiempos de Garci Fernández, la mujer de Rui Velázquez es
afrentada el día de su boda por los infantes de Lara. Rui Velázquez, para vengarse,
envía a Gonzalo Gustioz, padre de los infantes, a la corte del rey moro Almanzor, con
cartas escritas en árabe, en las que además de decirle al rey que mate al correo, le
indica cómo ha de hacer para atraer a los hijos de éste y matarlos. Pero compadecido
Almanzor de la avanzada edad del emisario de la carta, no le mata, sino que lo retiene en
su palacio al cuidado de su hermana, una princesa mora que se enamora del caballero
cristiano con el que tiene un hijo, Mudarra, que sería a su vez un valiente y famoso
caballero que encontrará ocasión de vengar la perfidia de Rui Velázquez, matando a
éste y quemando viva a su mujer. El momento más emocionante del cantar es cuando
Almanzor le muestra a Gonzalo Gustioz las siete cabezas de los infantes de Lara, que
fueron decapitados por la traición de Rui Velázquez. El llanto del padre sobre las
cabezas de sus hijos es una de las páginas más conmovedoras de toda la epopeya
castellana. Entre las muchas versiones que sobre esta leyenda se hicieron, destaca la de
Juan de la Cueva titulada: Los siete infantes de Lara (Sevilla, 1579).
Lara es también el título de un poema de Lord Byron,
publicado en 1814; es el nombre de una tribu de Dayak; el de una punta escabrosa de la
costa de Vizcaya y de la playa y ensenada situada entre la punta de Anzona y el
promontorio de Ogoño; el nombre de un riachuelo de la provincia de Badajoz, que nace al
sur de Fuente del Arco, pasa cerca de Puebla del Maestre y desemboca en el río Viar. En
invierno es caudaloso y recibe varios arroyos. Y Lara es también el nombre de un Estado
de la república de Venezuela, situado entre los de Zulia y Falcón al norte, Trujillo al
oeste, Zamora y Los Andes al sur y Carabobo al Este, con una pequeña porción de costa en
el mar de las Antillas, donde tiene el puerto de Tucacas, unido por ferrocarril a
Barquisimeto, la capital del Estado, situada en el centro del mismo. Y Lara es también,
finalmente el apellido de ilustres personajes del campo de la literatura, la política y
el arte. ¡Felicidades por llevar un nombre de tanta solera!