REMENSA
SENTENCIA ARBITRAL DE GUADALUPE
Remensa es un vocablo que originario del latín,
recaló en el catalán, quedando en esa lengua porque esa institución era peculiar de
Cataluña. Es importante su estudio para seguir la evolución de la servidumbre, de la que
es una ramificación.
El término del que procede remensa (preferentemente remença) es "reemença",
al que ya se le ve el parentesco con la palabra latina de que procede: "redementia",
donde "re" es prefijo de repetición, y "ementia",
sustantivo derivado de "emere", que significa "comprar". De
donde reemença o remensa es "recompra", "rescate". Y
"payeses de remensa", "hombres de remensa" o simplemente
"remensas", que de cualquiera de estas formas se llamaban, eran los siervos de
la gleba que formaban parte de la tierra, de manera que no podían abandonarla si no era
mediante redención o rescate, es decir mediante la "remensa". Esta situación
era análoga a la de sus predecesores los esclavos, que tenían la posibilidad de obtener
la libertad ahorrándose, es decir comprándose a su amo (ver web 4-10).
El núcleo primitivo de los payeses sujetos a la gleba en la Cataluña antigua tuvo su
origen en los siervos y en los libertos y esclavos del período visigótico, más aquellos
que resultaban expoliados en guerras y banderías. Los "señores de la tierra"
justificaban estos malos usos en que no los habían introducido ellos, sino que cuando sus
siervos estaban bajo los árabes, ya estaban sometidos a la remensa y demás malos usos.
Es de destacar en esta palabra que en ella no se nombra el mal (la esclavitud), sino su
remedio (la redención). En vez de llamarlos "esclavos" se les llama"
"los que han de ser redimidos". Como el Resurrecturi con
el que están rotuladas las entradas de algunos cementerios: no hacen referencia a que
están muertos, sino a que "Van a Resucitar".
Los payeses de remensa sentían cada vez más el oprobio y la dureza de su condición,
especialmente a la vista de la progresiva mejora de las condiciones de vida y de los
derechos de que gozaban los habitantes de las villas francas y de las ciudades. Esto
provocó una serie de insurrecciones de los remensas, que recurrieron a la corona
española para que les defendiese, a cambio de 100.000 florines, que al no pagarse fueron
causa de tardanzas. Finalmente en 1486 el rey Fernando el Católico, después de dar la
batalla con la ayuda de las bandas armadas de los remensas contra las de la Generalitat,
que defendían a los señores de la tierra, apaciguó la situación y dictó la Sentencia
Arbitral de Guadalupe, que al asegurar la paz social dando la libertad personal a
los payeses y la propiedad de la tierra a los señores, fue la llave del despegue
económico de Cataluña.